Perú quedó el domingo prácticamente paralizado por un censo nacional que obligó a los ciudadanos del país a quedarse en casa, tras una orden de inamovilidad por 10 horas decretada por el Gobierno del presidente Alan García.

Una legión de al menos 500.000 voluntarios, la mayor parte estudiantes secundarios y universitarios, visitaban todos los hogares del país andino para recoger información sobre las condiciones de vida de la población.
Si bien la orden no autoriza sancionar legalmente a quienes decidan salir de sus casas entre las 8.00 y las 18.00 hora local (1300 a 2300 GMT), miembros de la policía “invitan” a regresar a sus hogares a aquellos que lo hacen, para no dificultar el empadronamiento, según las autoridades.
“Me parece que la orden es necesaria debido al espíritu cívico poco desarrollado y evolucionado del país,” dijo a Reuters Jorge Bezada, veterinario de 39 años, quien canceló sus planes dominicales y aprovechaba para regar el jardín de su casa en el barrio limeño de Magdalena.
Las calles de Lima permanecían en su mayoría desiertas, aunque algunos taxis y vehículos de transporte público circulaban por avenidas principales cobrando el doble de la tarifa normal, pese a no contar con permisos especiales.
“Es absurdo que todos se deban quedar, yo no tengo ningún permiso pero tengo que trabajar. Acabo de salir de mi turno de amanecida y he tomado como cinco carros para llegar a mi otro trabajo,” dijo Elizabeth Palacios, enfermera de 26 años, mientras caminaba hacia la casa donde cuida a un anciano.
El censo ha sido criticado por la prensa y la opinión pública no sólo por la orden de inamovilidad, sino también por su aparente improvisación y por el supuesto objetivo político del presidente García tras su realización.
MUY TEMPRANO
El presidente y su familia fueron los primeros censados el domingo, minutos antes de las 8 de la mañana, en el palacio presidencial, desde donde agradeció a los voluntarios que participan como empadronadores.
“Criticar es fácil y nuestro país tiene la vocación de hacer críticas y de decir cosas cuando no se está sobre el caballo (…) Yo estoy convencido de que este va ser un día muy importante y que el censo va alcanzar sus objetivos,” dijo García a periodistas.
El último censo del estatal Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) se efectuó en el 2005. Sin embargo, desde el año pasado, García cuestionó la metodología aplicada y lo calificó como “una estafa.”
“La gente todavía no se despierta, no te abre la puerta o te dicen, ‘regresa más tardecito’, pero es comprensible porque es domingo y parece que pese a las sugerencias, ayer (sábado) igual salieron a divertirse,” dijo Miguel Angel Maldonado, uno de los voluntarios de 28 años.
En el censo participan hasta escolares de 15 años que fueron reclutados en sus colegios por el organismo estatal organizador, que hacían preguntas sobre el nivel de instrucción, estado civil, laboral, religión, entre otros.
Cada censor deberá visitar 15 hogares.
El ex director del INEI, Farid Matuk, responsable del empadronamiento del 2005, dijo a Reuters que García buscaría eliminar el estudio anterior para impedir una adecuada medición de los logros de su Gobierno, que se ha propuesto ambiciosas metas de reducción de la pobreza.
En tanto, algunos gremios para los que los domingos son días de mucha actividad, como operadores turísticos y comerciantes, lamentaron la pérdida de ingresos que traerá el censo, pero consideraron que es un costo necesario.
Según la Cámara de Comercio de Lima, Perú perderá el domingo unos 250 millones de soles (83 millones de dólares), sobre todo por el cierre temporal de grandes almacenes, centros comerciales y cines, además de la ausencia de servicios como el transporte.
(1 dólar = 3,022 soles)











